El Principito

De tal manera, si les decimos: “La prueba de que el Principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe”, las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: “el planeta de donde venía el Principito era el asteroide B 612”, quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así.

No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores. Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números. A mí me habría gustado más comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas.

Me habría gustado decir: “Era una vez un Principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…” Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real.

ANTOINE DE SAINT – EXUPÉRY

Echaremos a volar la imaginación.

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