Vértigo

Podría hacer una lista con todas las cosas buenas que me ha traído el último año, pero no me apetece porque me dan vértigo.  No es una sensación de “¿por qué me pasan cosas buenas?” y sufrir vértigo de que lo malo pueda llegar a pasar. Va más allá. Es un temor incontrolable a lo desconocido y lo que está por venir. Pero es, a la vez, confuso.

Tengo que dar gracias. Porque desde que terminé la carrera hasta ahora no han parado de lloverme oportunidades buenas de trabajo. Hasta ahora prácticamente. He llegado a ese punto del camino en el que parece que este se haya terminado. Complejo, porque bien visto, no acaba más que de empezar.

Decisiones, en el último verano, que cambian irremediablemente el curso de tu vida, como decidir compartir con otra persona lo que te queda de camino. Para siempre. Y me muero de ganas de que mi padre me acompañe al altar y ver al otro hombre de mi vida esperándome, rodeados de todos los que nos quieren.

Vértigo al pensar que ya no seré yo, que tendré que dejar de vivir para mí, de pensar en mí, para comenzar a vivir  y pensar en nosotros. Pero es un vértigo que no me aterra. Quiero lanzarme a esa nueva aventura sin dudarlo un sólo momento.

Sin embargo, sí que me aterra la idea de no tener un trabajo, ya no un empleo digno, como todos merecemos, en el que se respeten los horarios, la inversión intelectual y el valor de la faena bien hecha. Sino un trabajo a secas.

Hace un año, casi, que no escribo. El genio dormido no ha querido (o más bien no le he dejado) despertar y fluir de mis dedos al teclado. ¡Pero qué desperdicio! Porque el tiempo perdido es tiempo que no vuelve. Aún con 25 años se puede considerar que la juventud acaba de empezar, pero la realidad es que, a pesar de la juventud, el tiempo sigue pasando.

Tenemos la obligación de saber valorar el tiempo, administrarlo y usarlo bien. Y bajo ningún concepto dejar que el genio se nos duerma. Bien para pintar, para escribir, para esculpir o fotografiar, aunque las creaciones sean grotescas y carentes de sentidos. Oblígate a despertar al genio y hacerlo trabajar, porque el genio se oxida, aunque (y citando a Bécquer) “como Lázaro, espera una voz que le diga: ¡Levántate y anda!”.

 

 

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Un comentario en “Vértigo

  1. ¡Ánimo, sin miedo, adelante!!
    Muy bien expresada la sensación de la mente inquieta ante las nuevas situaciones de la vida. Nuevas oportunidades, nuevas experiencias están al acecho. No hay que arrepentirse de nada, sino aprender y proseguir. Aupa!

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