Ya no estaré ahí

Cuántas veces, sin quererlo dejamos escapar un suspiro por quien sabemos que no se lo merece. Y al dejarlo escapar nos damos cuenta que ese aliento y ese tiempo que invertimos en pensarlo, no se nos devuelve.

– Julia, hoy fui a buscarte y no te encontré.

– ¿Y qué querías?

– A ti.

Hace tiempo que dejé de pensar en él y esta situación tocaba el límite de lo que estaba dispuesta a aguantar.

– Miguel, ya te dije que no volvieras para eso. No vuelvas para nada. El tiempo ha pasado, decidiste prescindir de mí y yo he aprendido a quererme sin la necesidad de que alguien me quiera.

Se mesaba la barba. Yo sabía que no estaba entendiendo qué pasaba. En sus ojos se apreciaba la incertidumbre de que lo que se le planteaba se le estaba escapando de las manos.

Estaba muy acostumbrado a venir cada vez que algo le fallaba, y yo muy cansada de eso, hastiada. Decidí que ya estaba bien. Y, aunque cuando me llamó por teléfono estaba dispuesta a caer de nuevo, al abrir la puerta del estudio me di cuenta que no estaba dispuesta a volver a pasar otra vez por las tardes eternas de mantas y pañuelos de papel.

En la calle hacía calor pero a él parecía no afectarle en absoluto. Estaba especialmente guapo. Traía una camisa de algodón blanca sin cuellos que le resaltaba el bronceado, unas bermudas y las zapatillas que le había regalado el verano anterior, aquella vez que fuimos a Cerdeña. Sólo se las ponía cuando sabía con seguridad que nos veríamos.

Intentó entrar pero lo frené:

-Por favor, vete. No quiero dar más vueltas a algo que no tiene sentido. Ya estoy cansada y no quiero seguir jugando a esto. Es agotador y tú siempre ganas.

Le di cinco minutos. No paraba de mirarme con esa expresión de no comprender. Cuando pasó el tiempo que consideré oportuno, le pedí que se marchara. Sabía que era lo mejor, él lo comprendería con el tiempo, no tenía elección. Cuando se dio la vuelta y lo vi bajando las escaleras, me regaló una última mirada. Y vi dolor en los ojos en los que me había perdido tantas veces.

Al cerrar la puerta un millón de pensamientos cruzaron en mi cabeza. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Y si me quería de verdad? ¿Qué pasaría si me arrepentía de esta decisión? Pero rápidamente vinieron a mí todos esos momentos en los que no había sabido estar a la altura de las circunstancias y las interrogaciones desaparecieron en un momento.

Ya no estaba dispuesta a dar más oportunidades.Ya no quería estar ahí.

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3 comentarios en “Ya no estaré ahí

  1. Las dudas vienen en un primer momento. Quizá las cosas cambien. Pero sabemos que eso no pasará. Y por tu propio bien, a veces, tienes que tomar decisiones que te matan en un primer instante. Aunque dudes, en el fondo sabes que has hecho lo correcto.

  2. Cuando cerramos una puerta a alguien, siempre nos queda esa espina de: ¿y si me decía la verdad? ¿Y si realmente iba a cambiar? Pero realmente te estás engañando, puesto que cuando ya has dado varias oportunidades a alguien y ese alguien no ha cambiado, es que no lo va a hacer.

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